febrero 16, 2022Psicopedagogía | Gema

Inestabilidad emocional: cómo manejarla, síntomas y causas

La inestabilidad emocional es con frecuencia una señal de que algo en nuestra vida no está bien. Quizá estemos pasando por una etapa de mucho estrés y nos esté superando. En otras ocasiones puede ser algo más “caracterológico” (formar parte del carácter o la personalidad del individuo).
En este artículo vamos a definir con exactitud lo que esta inestabilidad emocional, qué tipo de causas pueden haber detrás y lo más importante, cómo manejar la inestabilidad emocional para que dificulte o deteriore lo mínimo posible nuestra vida y salud mental.

Síntomas de la Inestabilidad Emocional.

Para comprender lo que es la inestabilidad emocional, será interesante que describamos algunas de las características o síntomas que se dan y que posteriormente nos permitirá definir con mayor concreción y entendimiento el concepto en sí.

Es un término muy utilizado en la jerga popular. Esto puede dar pie a malentendidos. De entrada, suele usarse indistintamente con otros conceptos como labilidad emocional, inestabilidad afectiva o incluso “neuroticismo” (concepto más propio de los manuales de psicología y el lenguaje técnico).

Antes de nada, también habría que establecer una diferencia entre el grado de labilidad de las emociones y la intensidad. Como hemos mencionado antes, se suele utilizar de forma indistinta inestabilidad con labilidad emocional, pero no es del todo correcto, ya que la labilidad emocional hace referencia concretamente a la velocidad con la que una persona puede cambiar de una emoción a otra; a veces sin motivos aparentes.

Otra característica muy habitual entre personas inestables emocionalmente es que, después de un “subidón” emocional (de la emoción que sea, pueden ser incluso emociones agradables como la felicidad), les cuesta volver a un estado basal previo a esa explosión tan intensa. Esto, como resulta intuitivo, puede tener consecuencias bastante contraproducentes para el desempeño en la vida diaria.

Para concluir con la definición, es muy habitual, y un detalle interesante a tener en cuenta, que las personas que se identifican con la inestabilidad emocional suele describir con mucha precisión la sensación de “pérdida de control” que viven durante los picos de intensidad emocional; siendo esta pérdida, uno de los principales motivos por los que se acaba pidiendo ayuda profesional por las consecuencias que puede acarrear.

Definición de la Inestabilidad Emocional.

Así pues, reuniendo estas tres características comentadas en el apartado previo, podríamos formalizar una definición sencilla para la inestabilidad emocional:
“Reacción emocional excesivamente intensa y rápida a estímulos internos o externos de la que cuesta recuperarse y retomar un estado psicológicamente homeostático”.

Causas de la inestabilidad emocional.

Como en cualquier problemática psicológica, el origen suele ser multicausal. Esto significa que por regla general no suele haber solo un motivo que explique el estado actual (en este caso, la inestabilidad emocional).

Pero sí podríamos agrupar por un lado las causas relacionadas con el carácter o la personalidad del inestable emocional. Y por otro, el momento vital en el que se encuentra.

Causas de Personalidad.

Con personalidad nos referimos a esos patrones relativamente estables a lo largo del tiempo en torno a los que la persona se mueve y articula para relacionarse con el entorno y otras personas.

Aquí incluiríamos desde las primeras experiencias que ha tenido la persona (educación temprana, sistema de apego, gestación, etc).

Estas experiencias suelen marcar significativamente la vida adulta. Pero también incluiríamos aspectos biológicos, donde encontraríamos principalmente la carga genética que explica una parte de los procesos emocionales, en especial, la reactividad emocional.

Esto no significa que las experiencias tempranas nos marquen de forma inflexible para siempre, pero sí construirán nuestra personalidad en una medida importante.

Por todo ello, al hablar de personalidad nos referimos por regla general a personas adultas.

En niños, dado que la personalidad estaría todavía en construcción, sería más complicado de usar algunas de estas conclusiones.

Causas Contextuales de la inestabilidad emocional.

En este tipo de causas, tenemos más espacio para el manejo y la mejora (si bien en el anterior también se pueden trabajar muchas cosas).

Hablamos de factores que pueden estar mermando nuestra estabilidad añadiéndonos (a veces casi sin darnos cuenta), estrés, preocupación, nostalgia, frustración, cualquier tipo de malestar o incluso experiencias muy positivas, pero potencialmente igual de desestabilizantes, como una nueva pareja o ganar la lotería.

Aquí incluiríamos temas como:

● Excesiva carga laboral.
● Rupturas en las relaciones (familia, pareja, amistades, etc).
● Procesos burocráticos o legales.
● Despidos o fracasos académicos.
● Problemas económicos.
● Discusiones con seres queridos.

¿Cómo manejar la inestabilidad emocional?.

Existen dos tipos de intervenciones o técnicas para manejar la inestabilidad emocional. Por un lado tenemos aquellas estrategias que ayudan a prevenir brotes intensos de inestabilidad. Por otro lado, tendríamos las técnicas que debemos llevar a cabo durante una crisis de inestabilidad.

Muchas técnicas se pueden intentar aplicar en ambos momentos (se puede y se aconseja), pero es mucho más difícil aplicarlas en situaciones muy intensas emocionalmente; por eso se suele priorizar la prevención ya que nos da más margen.

Estabilidad horaria y de agenda.

Suena intuitivo y lo es. Las personas inestables emocionalmente se benefician mucho de seguir unos horarios diarios y semanales previsibles y constantes.

Cuantos menos cambios hagamos y más tiempo mantengamos una rutina diaria, menor será el grado de inestabilidad emocional.

Eso no quita que podamos introducir elementos “sorprendentes”, pero que desde luego, no sean la norma.

Esto es especialmente útil con las horas de las comidas y las horas de irse a dormir y despertarse por la mañana; intentando evitar que haya grandes cambios en horarios de trabajo (aunque sabemos que no siempre es posible) y entre los fines de semana y el resto de los días.

Pide ayuda.

Es muy frecuente que la inestabilidad emocional conlleve un fuerte sentimiento de culpa por decisiones o acciones pasadas. Buscar apoyo profesional acudiendo a un psicólogo y rodeándote de gente que comprenda tu situación y aquellas cosas que han generado esa inestabilidad será fundamental para mejorar notablemente.

Es fácil caer en la espiral de culpa – frustración – mayor inestabilidad emocional – conductas que perjudican a la persona y al entorno.

Haz deporte.

A la hora de gestionar ciertas emociones (no todas) el deporte puede ser un buen canalizador. Si bien el deporte, por sí mismo es una gran fuente de bienestar (sobre todo si encuentras el deporte que va a tu medida), para mejorar la estabilidad emocional está especialmente recomendado.

En especial, aquellos deportes que impliquen un control de la respiración y una intensidad sostenida (sin altibajos) como el yoga, el tai chi.

Si además, consigues relacionarlo con el primer consejo para el manejo de la inestabilidad emocional, todavía mejor.

Técnicas de relajación y atención plena.

Existen una infinidad de técnicas de relajación y de atención plena. Es posible que la más utilizada (por su sencillez y eficacia) es la respiración diafragmática.
Cuando detectemos que puede haber un pico de inestabilidad emocional, deberemos pararnos en una posición cómoda y realizar una serie de respiraciones profundas y sosegadas (lo que podamos) utilizando especialmente el diafragma y focalizando la atención en el mismo.

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